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El agua como energía transformadora

Misiones se encuentra sobre una de las reservas de agua dulce más importantes del mundo, un lugar estratégico para el futuro de la humanidad.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre buscó la adaptación de su entorno, para una optimización de su forma de vida. La caza, la pesca, la agricultura, la decoración de las cavernas que habitaban, la generación del fuego, etc. A esas finalidades, no fue ajeno el embalse intencional del agua que corría por sus cauces naturales con piedras y troncos, a los fines de, en ese momento, crear canalizaciones de riego, o para su autoabastecimiento. Posteriormente, y con el flujo natural de la evolución, el hombre fue superándose, llegando a etapas más actuales, en las cuales se hizo indispensable la generación de energía, especialmente la eléctrica, a los fines de atender sus necesidades del ser humano moderno.

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Existen 3 tipos de fuentes posibles para sostener la base del sistema eléctrico, que son la generación térmica (aquella que utiliza los combustibles fósiles), la nuclear y la hidroeléctrica. Sin ocultar la existencia de otros tipos de energías, llamadas alternativas (como la eólica, biomasa o solar, entre otras), se debe mencionar que ellas podrían constituir un complemento de las mencionadas, sin embargo, en razón del volumen a producir, no las pueden reemplazar de ninguna manera. Y más aun, en vista a la sustentabilidad a largo plazo, es innegable que la energía hidroeléctrica es la más conveniente en términos de costos, cantidad producida, y respuesta a los picos de demanda. Este hecho no resulta novedoso a nivel internacional, ya que aproximadamente, en la actualidad, la energía hidroeléctrica aporta el 17% del total mundial, y se produce en la mayoría de los países del mundo, siendo las Represas de las Tres Gargantas, sobre el Río Yangtsé, en China, y la Represa de Itaipú, sobre el Río Paraná, en la frontera entre Paraguay y Brasil, las que generan mayor cantidad de energía. A modo meramente ejemplificativo, podemos hablar de represas en los cinco continentes, en países tan diversos, tanto geográfica como climáticamente, como ser Australia, Sudán, Japón, Turquía, Myanmar, Lituania, Indonesia, Noruega, Bhután, Colombia, Mozambique, Pakistán o Sudáfrica, entre muchos otros. Por supuesto que nuestro país tampoco es ajeno a ello, citando como ejemplo la explotación hidroeléctrica sobre el Río Limay, en nuestra Patagonia, el cual nace en el Lago Nahuel Huapi, a 764 metros sobre el nivel del mar, avanzando hacia una menor altura constantemente, por lo cual se han instalado sobre su cauce las represas de Alicurá, Piedra del Águila, El Chocón, Arroyito y Pichi Picún Leufú, en una longitud de 500 kilómetros, hasta su confluencia con el río Neuquén, con la finalidad de aprovechar la fuerza hidráulica disponible.

Cabe resaltar asimismo, no obstante la ya mencionada función de generación de energía eléctrica, que en épocas de sequía, las represas funcionan como un estanque, permitiendo la utilización permanente del agua que almacena por parte de los ciudadanos, creando canales de riego, como el caso de la Represa de Nurek en Tayikistán, y en tiempos de copiosas lluvias, libera una mayor o menor cantidad de agua, regulando las cuencas superiores e inferiores, disminuyendo el impacto de las inundaciones, como la Represa de Asuán, en Egipto (en ambos casos, estas funciones son adicionales a la generación de electricidad).

Asimismo, tampoco se pretende omitir la cuestión del impacto ambiental que se genera con la construcción de las mismas, pero es dable destacar que de manera previa, siempre se realizan numerosas evaluaciones de impacto ambiental, utilizando distintas fuentes y diversos métodos de análisis, los cuales duran años, a los fines de evitar cualquier modificación relevante al ecosistema que pudiera alterarlo, adecuando, en su caso, cada proyecto a efectos de mitigar esa situación. Asimismo, los inevitables efectos que la construcción produzca, “pueden ser manejados en forma integral e inteligente, y consecuentemente, constituir oportunidades de gestión que no solo no perjudiquen la vida de las poblaciones aledañas, sino que potencien beneficios en esas mismas áreas”, como expresa Enrique Blasco, Presidente del Comité Argentino de Presas.

Las cuestiones inherentes a la explotación de este tipo de energía, deben ser debatidos con el fin de lograr una mejor coyuntura y adecuación al contexto social y geográfico en el cual se pretenden instalar, y de esa manera optimizar el desarrollo regional en torno a la obra, y así lograr que los principales beneficiarios del proyecto sean los mismos pobladores, pero para ello es necesario generar un espacio de debate en base a información objetiva, cierta y empírica, sin opiniones fundamentalistas o inflexibles, en un ámbito de intercambio de ideas y conocimientos que permitan arribar a consensos basados en el diálogo y en el mutuo respeto.

Enfocando estos datos en nuestra realidad provincial, podemos mencionar que la gente da por sentada la existencia del agua en grandes cantidades, cuando en la mayoría de los lugares, es un bien escaso. Y, afortunadamente, esta percepción es una realidad: tenemos un recurso importantísimo, abundante, y lo más importante, es que es nuestro, de los misioneros. Ya sea en su forma subterránea como superficial, Misiones está rodeada de agua, y el tipo de clima que posee, favorece la regeneración constante del recurso. Por cada minuto que pasa, “corren” miles de dólares por el Río Paraná, en el hipotético caso de que allí hubiera turbinas generadoras de electricidad. Considerando que tanto el Río Paraná, como el Uruguay y los diversos cauces acuáticos que se hallan en la zona, son cursos de agua fácilmente aprovechables, caudalosos, y permanentes, desde la Fundación Proyecto para la Innovación Misionera llegamos a la conclusión de que su mejor modo de aprovechamiento, es la obtención de energía, la cual, además de beneficiar a los habitantes de la provincia en su individualidad como consumidores, también se puede vender a terceros, generando un ingreso renovable y constante.

Es por todo lo mencionado, que creemos que como Provincia, somos muy afortunados por tener a nuestra disposición lo que la naturaleza nos brindó, y a fin de tener mayores y mejores recursos, y poder continuar con la evolución de nuestra Provincia, con el progreso en mente, una mentalidad optimista, y pensando no solamente en lo mejor para nuestra actualidad, sino también para el futuro de nuestros hijos y los que habiten esta hermosa tierra nuestra, no nos parece prudente que la sociedad rechace los proyectos hidroeléctricos por solo escuchar el tañido de una campana, sin profundizar en la investigación y escuchar a varias voces respecto al lado positivo de todo esto, y cómo podría favorecer al desarrollo nacional sustentable, incitando a la población a una apertura al diálogo, a fines de intercambiar opiniones, conocimientos e ideas, con el objeto de lograr la formación de un criterio propio, dirigido al mejor porvenir de esta provincia que nos da cobijo y que tanto amamos.